El día más bello? Hoy
La cosa más fácil? Equivocarse
La cosa más bella del mundo? El amor

Madre Teresa de Calcuta

Si al leer, ver o escuchar alguna frase, poema o una historia hermosa e inspiradora, nos dejan mensajes en la memoria del corazón y no de la mente, jamás los olvidaremos. Pues, no son sólo palabras procesadas por nuestro cerebro, sino pequeñas semillas doradas que al menor roce con nuestro corazón se arraigan a nuestra esencia, haciendo florecer de inmediato los sentimientos puros que todos tenemos y que la mayoría olvida cultivarlo dentro de sí.

02 agosto 2010

Un hombre, el barbero y Dios..


Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello, entablo una conversación con la persona que le atendió. De pronto, tocaron el tema de Dios.

El barbero dijo: Yo no creo que Dios exista, como usted dice. ¿Por que dice usted eso? - preguntó el cliente:

- Es muy fácil, al salir a la calle se da cuenta de que Dios no existe.
- O... dígame, acaso si Dios existiera, ¿habría tantos enfermos?
- ¿Habría niños abandonados? Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. No puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.
El cliente se quedó pensando, y no quiso responder para evitar una discusión. Al terminar su trabajo, el cliente salió del negocio y vio a un hombre con la barba y el cabello largo.
Entro de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:
- ¿Sabe una cosa? Los barberos no existen.
- ¿Como? Si aquí estoy yo.
- ¿¡No!?, dijo el cliente, no existen, si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre. 
- Los barberos si existen, sólo que esas personas no vienen hacia mí - dijo el barbero.
- Exacto...!; dijo el cliente.
- Ese es el punto. Dios si existe, lo que pasa es que las personas no van  hacia él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria.

"Busca Primero a Dios, las demás cosas te serán dadas por añadidura".

"Señor, te amo y te necesito, estas en mi corazón, bendíceme, mi familia, mi casa y a mis amigos, en nombre de Jesús. Amen."

 

El Príncipe Feliz

 
Descubrir la felicidad
La estatua del príncipe feliz dominaba la ciudad. Toda ella estaba revestida de láminas de oro, por ojos tenía dos diamantes y un gran rubí resplandecía en la empuñadura de su espada.
Una noche llegó a la ciudad una golondrina. Sus compañeras se habían marchado al sur seis semanas antes. Ella se había retrasado y debía volar antes de que llegase el frío. Vio la estatua encima de una columna y decidió pasar la noche allí. Se posó a sus pies, protegió la cabeza debajo de las alas y se durmió hasta que sintió que le caía una gota de agua.
¿Estará lloviendo? - se preguntó la golondrina, y le cayó otra gota. Segura de que llovía decidió buscar mejor sitio para dormir.
Pero antes de que pudiese abrir sus alas, la golondrina vio algo asombroso: a la estatua del príncipe feliz le brotaban lágrimas de los ojos. Eran las gotas que la habían mojado.
¿Por qué lloras? - le preguntó la golondrina intrigada.
- Lloro porque, cuando estaba vivo, tenía un corazón como el tuyo y me pasaba las horas jugando en los jardines de mi palacio. Todo me alegraba y por eso me llamaban príncipe feliz. Pero, desde que me han puesto en este lugar tan alto, puedo contemplar a todas las personas tristes del pueblo y, aunque ahora tengo un corazón de plomo, la tristeza de los demás me hacen llorar. Mira, no lejos de aquí vive la señora más pobre de este pueblo. Su hijo está enfermo y tiene mucha sed. El niño le pide naranjas a su madre, pero ella no tiene con qué comprarlas y sólo puede darle agua del río. Toma uno de mis ojos de diamante y llévaselo.
Aunque la golondrina sabía que debía huir de aquel frío mortal, hizo lo que le pidió el príncipe feliz. Cogió en su pico uno de los ojos de diamante y lo llevó a la madre. Cuando la golondrina regresó a la plaza donde estaba la estatua, dijo al príncipe.
- ¡Qué extraño! Con todo el frío que hace, siento un calorcillo que me crece en el pecho.
- Te sientes así - comentó el príncipe - porque has obrado bien. Toma ahora mi otro ojo y entrégaselo a aquella niña que busca pan para la familia y no lo encuentra.
- Pero no podrás ver - dijo la golondrina -
- No me importa. Lo que más deseo es que esa niña y su familia puedan tener la comida que necesitan.
Otra vez hizo la golondrina lo que el príncipe le pedía. Cuando regresó, comenzó a nevar nuevamente.
- Vete a reunirte con tus compañeras - le aconsejó el príncipe -, que el frío se acerca.
- No - respondió la golondrina - ahora que no puedes ver, me quedaré contigo y te acompañaré siempre. Aunque tenga mucho frío, te contaré lo que vea.
- Dime qué cosas tristes ves en el pueblo.
- Veo a muchos niños con hambre recorriendo las calles.
- Toma el oro que cubre mi cuerpo - pidió el príncipe y repártelo entre esos niños.
Nevaba y nevaba y, aunque la golondrina sentía mucho frío, nada la detenía y repartió las piezas de oro a los niños que gritaban: ¡al fin podremos comer!. Pero la golondrina sufría cada vez más por el frió hasta que finalmente enfermó. Para espantar el frío, no dejaba de mover las alas, mientras contaba al príncipe todo lo que veían sus ojos. No le quedaban muchas fuerzas y comprendió que no podría resistir ya mucho más.
- Adiós mi querido príncipe feliz - dijo la golondrina.
Le dio un beso y cayó a sus pies. En el mismo instante, el corazón de plomo de la estatua se rompió en pedazos.
Y el día en que Dios dijo a uno de sus ángeles "tráeme las dos cosas más hermosas de ese pueblo", el ángel llevó ante él a la buena golondrina y el corazón de plomo de la estatua del príncipe feliz, que habían sido tirados por la gente importante de la ciudad.
Desde ese día la golondrina canta a Dios y el príncipe feliz les habla de los pobres que todavía quedan en el mundo.
Autor: Oscar Wilde
 

25 junio 2010

La oruga y la montaña

 
Una pequeña oruga caminaba un día en dirección al sol. Muy cerca del camino se encontraba un saltamontes. - ¿Hacia donde te diriges? - le preguntó -. Sin dejar de caminar, la oruga contestó:
-Tuve un sueño anoche: soñé que desde la punta de la gran montaña yo miraba todo el valle. Me gustó lo que vi en mi sueño y he decidido realizarlo. Sorprendido, el saltamontes dijo mientras su amigo se alejaba: - ¡Debes estar loco! ¿Cómo podrás llegar hasta aquel lugar? ¿Tú? ¿Una simple oruga? .... una piedra será una montaña, un pequeño charco un mar y cualquier tronco una barrera infranqueable... Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escuchó, su diminuto cuerpo no dejó de moverse. De pronto se oyó la voz de un escarabajo: - ¿Hacia dónde te diriges con tanto empeño? Sudando ya el gusanito, le dijo jadeante:
- Tuve un sueño y deseo realizarlo, subir a esa montaña y desde ahí contemplar todo nuestro mundo. El escarabajo no pudo soportar la risa, soltó la carcajada y luego dijo:
- Ni yo, con patas tan grandes, intentaría realizar algo tan ambicioso. Y se quedó en el suelo tumbado de la risa mientras la oruga continuó su camino, habiendo avanzado ya unos cuantos centímetros. Del mismo modo la araña, el topo y la rana le aconsejaron a nuestro amigo desistir.
- ¡No lo lograrás jamás! Le dijeron, pero en su interior había un impulso que lo obligaba a seguir. Ya agotado, sin fuerzas y a punto de morir, decidió parar a descansar y construir con su último esfuerzo un lugar donde pernoctar.
- Estaré mejor. Fue lo último que dijo y murió. Todos los animales del valle fueron a mirar sus restos, ahí estaba el animal más loco del campo, había construido como su tumba un monumento a la insensatez, ahí estaba un duro refugio, digno de uno que murió por querer realizar un sueño irrealizable. Una mañana en la que el sol brillaba de una manera especial, todos los animales se congregaron en torno a aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos. 
De pronto quedaron atónitos, aquella concha dura comenzó a quebrarse y con asombro vieron unos ojos y unas antenas que no podían ser las de la oruga que creían muerta,poco a poco, como para darles tiempo de reponerse del impacto, fueron saliendo las hermosas alas de mariposa de aquel impresionante ser que tenían en frente, el que realizaría su sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.
Todos se habían equivocado...... 
Dios nos ha creado para conseguir un ideal, vivamos por él, intentemos alcanzarlo, pongamos la vida en ello y si nos damos cuenta que no podemos, quizá necesitemos hacer un alto en el camino y experimentar un cambio radical en nuestras vidas y entonces, con nuevos brillos y con la gracia de Dios, lo lograremos.
 

25 mayo 2010

La Mariposa y la Flor

 
Cierta vez, un hombre pidió a Dios una flor y una mariposa. Pero Dios le dio un cactus y una oruga. El hombre quedó triste, pues no entendió porqué su pedido llegó errado. Luego pensó: Con tanta gente que atender... y resolvió no cuestionar. Pasado algún tiempo, el hombre fue a verificar el pedido que dejó olvidado. Para su sorpresa, del espinoso y feo cactus había nacido la más bella de las flores. Y la horrible oruga se había transformado en una bellísima mariposa.

Dios siempre hace lo correcto. Su camino es el mejor, aunque a nuestros ojos parezca que todo está errado. Si has pedido a Dios una cosa y has recibido otra, confía. Ten la seguridad de que Él siempre te proporcionará lo que necesitas en el momento adecuado. No siempre lo que deseas... es lo que necesitas. Como Él nunca falla en la entrega de sus pedidos, sigue adelante sin dudar ni murmurar... La espina de hoy... será la flor de mañana. 
 
 

21 mayo 2010

Leyenda Árabe


Dice una leyenda Árabe que dos amigos viajaban por el desierto y en determinado punto del camino, discutieron y uno dio una bofetada al otro. El agredido no reaccionó. Se limitó sólo a escribir en la arena: "Hoy mi mejor amigo me golpeó en el rostro". 

Siguieron adelante y llegaron a un oasis, donde resolvieron bañarse.
En ese momento, el que recibió la ofensa comenzó a ahogarse, pero fue salvado por el amigo. Al recuperarse, cogió un canivete y escribió en una piedra: "Hoy mi mejor amigo me salvó la vida."

Intrigado, el otro indagó: - Por qué, después que yo te ofendí tú escribes en la arena y, ahora, repites el mismo gesto en la piedra? Sonriendo, él respondió:
- Cuando un gran amigo nos lastima, debemos escribir donde el viento del olvido y del perdón se encargue de emborronar y borrar el recuerdo. 
Por otro lado, cuando algo bueno nos acontece, debemos grabarlo en la piedra de la memoria y del corazón, donde viento alguno en todo el mundo no podrá borrarlo. 
 
 

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